Posiblemente, después de alimentarse, una de las necesidades primarias que tuvo el hombre desde sus inicios, y conforme a su desarrollo y evolución, fue la de contar con recintos cerrados que lo protegieran de las inclemencias del medio que lo rodeaba.
Las cavernas naturales fueron las que en un principio cubren esta necesidad. Sin embargo, la circunstancia de no contar siempre con esta solución, y las cada vez mayores necesidades que le plantea su evolución, hacen que el hombre comience a implementar artificialmente esos recintos usando primeramente maderas y rocas naturales, para posteriormente donde no existía este último material, utilizar la madera en combinación con el ladrillo crudo.
Es así como durante la evolución humana, la técnica de fabricación de ladrillos también sufrió cambios, los cuales no son mera casualidad; en efecto, si el ladrillo no tuviera propiedades tales como su sencilla técnica de producción y colocación, su capacidad de aislación, su capacidad soportante, su amplia gama de combinaciones, etc., sin duda no se seguiría usando hoy en día en su concepto más actual; el ladrillo cerámico hecho a máquina.
Los sumerios son los primeros que aplican los ladrillos de arcilla cocida a la construcción de edificios, tales como recintos cerrados que les protegen de la noche e inclemencias del clima y templos donde adorar a los dioses, producto del establecimiento de las primeras tribus nómades en las llanuras mesopotámicas, dando origen al sedentarismo.
La falta de piedras y la existencia contemporánea de importantes depósitos de sedimento proveniente de las inundaciones de los ríos, posibilita el surgimiento y desarrollo de los ladrillos de forma primitiva, crudos o adobes, secados al sol, y posteriormente del ladrillo propiamente tal (sometidos a cocción).
La utilización de esta técnica constructiva se ha mantenido durante el tiempo, destacándose los siguientes casos:
Ejemplos citables son los de la basílica de Santa Sofía (Constantinopla, s.VI), y las mezquitas de Adu-Duflaf y la Gran Mezquita (Irak, s.IX). En el periodo medieval, en España, podemos destacar la mezquita Cristo de la Luz (Toledo, s.X), el minarete de la Giralda (Sevilla, s.XII), la Alhambra (Granada, s.XIII) y la Alcazaba (Málaga, s.XI).
En Italia, específicamente en la ciudad de Venecia, encontramos la iglesia de Santa Fosca (s.X), el Palacio Foscari (s.XV), la basílica de San Marcos (s.XI) y Las Dos Torres (Bolognia, s.XII). También en Inglaterra, apreciamos el castillo e iglesia de Santa Trinidad, priorato de Saint Botolph (s.XI), la Universidad de Cambridge (S.XII), el castillo de Tattershall en Lincolnshire (s.XV) y el palacio de Hamport Court (s.XVI), a las orillas del Támesis.